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  • Leo Nabel

Eso que Pasa Entre Uñas y Uñas [Historia de Transformación Personal]


El lunes descubrí que cuando estas de viaje el tiempo no se mide ni por día, ni por semana, ni por mes: se mide por el ciclo que transcurre entre una cortada de uñas y otra. En mi caso ya llevo seis cortadas completas (manos + pies) y una cortada extra solo del dedo gordo del pie derecho. Puedo asegurar que ver cómo las uñas van ganando altura es la forma más concreta de ser consciente del paso del tiempo. (Hubiese deseado descubrir algo mas trascendental para la humanidad pero lamentablemente me tocó esto)


Ahora estoy en el balcón de mi habitación con el mismo short de la selección argentina que use los últimos siete días mientras miro a las vacas comer restos de basura mezclada con pasto. No sé por qué pero mi short no tiene feo olor, o quizás lo tiene pero pasa desapercibido mezclado entre la ropa sucia de otras personas, el olor a caca de las vacas en la calle, y el humo de las especias que salen de la cocina.


Estoy de buen humor porque hace un ratito terminó la sesión de yoga de la tarde. Habrá alguna sensación de satisfacción más grande que luego de terminar un entrenamiento físico?


De los diferentes estilos de Yoga que nos están enseñando, Ashtanga es el más hardcore de todos. En los estilos más soft se suele hacer una postura, mantener un rato, relajar y pasar a la siguiente. En Ashtanga en cambio combinamos posturas complicadas con movimientos, saltos, y respiraciones. Es como una danza constante de 90 minutos donde se estira mucho y se relaja poco. En nuestro caso el agregado es que el profesor es un Indio de 35 años MEGAFLEXIBLE, que fuera de la sala es un amor, pero que durante la clase nos exprime el cuerpo como si nosotros fuéramos frutas y él las aspas de una licuadora.



Por momentos parece un entrenamiento militar porque el tipo se toma total libertad para hacer de nuestro cuerpo lo que quiera: nos agarra, nos gira, nos empuja, nos golpea, nos grita, nos tuerce. Algunas veces nos ajusta las posturas agarrándonos el ojete, torciéndonos la pelvis por dentro, y hasta empujándonos la espalda para abajo mientras hacemos inclinación parados hacia adelante. Si me pongo a hilar fino creo que la única parte de mi cuerpo que todavía no me exprimió son los huevos. (A veces me pregunto si algunas chicas no se sentirán incómodas con tanto toqueteo)


Ayer cuando estábamos terminando la clase nos hizo hacer una postura donde teníamos que acostarnos boca arriba, levantar las piernas 90 grados y desde ahí llevarlas hacia atrás de la cabeza (el arado). Cuando estábamos en plena ejecución escucho tres disparos ruidosos que salieron desde la boca de los glúteos de uno de mis compañeros. ¡No podía parar de reírme! El clima de concentración de la clase se fue al carajo y lo peor era que mis piernas seguían arriba de mi cabeza, mi estómago aplastado hacia adentro y apenas conseguía aire para soportar las risas.


Puede que en un tiempo me olvide las posturas, los mantras y la filosofía, pero jamás me voy a olvidar el episodio del gas de Hugo.

Se fue mi soledad hace dos semanas porque vinieron a vivir a la escuela Nico y Hugo.

Nico es un boliviano de 24 años que se fue a estudiar ingeniería a Estados Unidos. Estando allá se dió cuenta que no le gusta la ingeniería, pero por presión de su familia se quedó a terminar. Luego de recibirse decidió tomarse unos meses para viajar por Asia, empezó por la joda de Tailandia y siguió por el shanti shanti de la India. Estando acá se le despertó el interés por el #yoga y la #espiritualidad, ahora piensa en volver a Santa Cruz para abrir una escuelita de yoga y un resto de comida #crudivegana. Ayer mientras cenábamos estaba triste porque siente que defrauda a los padres que invirtieron en un ingeniero y obtuvieron un yogui.


Hugo es un abogado ecuatoriano de 36 años que se quemó de tanto trabajar. Hizo buena plata laburando para grandes empresas, pero estaba alienado e #insatisfecho con la típica vida de oficina en la gran ciudad. Le dió al trabajo demasiado duro, descuidó su cuerpo y sus relaciones. Hace un año renunció y se fue a viajar por el mundo. Sueña con volver y abrir un #WellnessCenter en las afueras de Quito.


Vivir esta experiencia con dos hermanos hispanohablantes es una bendición. Cambian algunas cuestiones de forma, pero en el fondo los latinoamericanos heredamos la misma cultura, los mismos valores y los mismos principios. Tocamos la guitarra juntos, nos reímos de los mismos chistes boludos, nos indignamos por las mismas noticias económicas y cuando vemos una chica que nos gusta compartimos una misma mirada cómplice.


Es curioso que tanta gente venga a #India. Mi sensación es que a los occidentales que venimos a este país nos une la creencia de que las reglas que heredamos de la sociedad para ser felices no fueron hechas para nosotros. Por hache o por be en todas las historias aparece un formato de tipo: “Mi vida era esto…...., me di cuenta que esa vida no me funcionaba porque me sentía……., y ahora estoy en India”.


En India hay mayor grado de libertad, plena aceptación, menos juicio, y menos crítica. Hay más espacio para ser.

No me llama la atención que Ricky Martin haya salido del closet o Steve Jobs haya flasheado con crear Apple después de vivir un tiempo en India. Solo con caminar por las calles de Rishikesh se puede apreciar un desfile de todo tipo de vestimentas y colores (Inclusive ayer un flaco caminaba en calzones). Los que más jugo le pueden sacar a esta cultura son aquellos que están dispuestos a desafiar el status quo. Un banquero de wall street que se la pasa vestido de traje, y trabajando 24x7 encontraría muchas resistencias viniendo acá.


Yo no creo que siga los pasos de Nico y Hugo, pero si abriría una escuela de yoga, le pondría algún nombre bien divertido como “Acá a las vacas las comemos”, “No Hay Más Te” (Namaste) o “Shanti-Shanti al gobierno, Perón al poder”. El tema de los símbolos me causa gracia. Es como la gente busca aferrarse a su identidad espiritual mostrando todo tipo de artefactos, ropas, tatuajes, peinados, etc. En especial me divierte ver como las escuelas de yoga y los cafés compiten por ver quién tiene el nombre más cargado de significado espiritual. Los mejores que encontré hasta ahora son “Pure Soul Cafe”, “Little Buda Resto”, “Free Spirit Cafe” y mi número uno: un ashram gigante que se llama “World Peace Yoga School”


Ahora me rio, pero es obvio que vuelvo a Buenos Aires y lo primero que hago es abrir una escuela de yoga con el nombre “Se libre, vive rodeado de amor y repleto de paz Yoga School”


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